DE LA DISCIPLINA EN LA ESCUELA, A LA LIBERTAD OBLIGADA

DE LA DISCIPLINA EN LA ESCUELA, A LA LIBERTAD OBLIGADA 

La disciplina ha sido el medio para el logro de los aprendizajes en niñas y niños, desde los primeros intentos de “enseñar”, a través de procesos escolarizados. Un claro ejemplo lo es la escuela Lancasteriana (de Joseph Lancaster a inicios del siglo XIX), cuyo accionar estuvo basado en la idea de la necesidad de una rígida disciplina para garantizar que se generaran aprendizajes en los alumnos, a través de una didáctica mecanizada, repetitiva y memorística y un sistema de premios y castigos tanto corporales como morales.

Castigos que entre otros ejemplos, incluían: colgar una tarjeta del cuello del alumno con leyendas como: puerco, soberbio, modorro, desaplicado, pleitista, o se le hacía arrodillarse y poner los brazos en cruz, a veces sosteniendo piedras pesadas en las manos y si la falta era más grave, era llevado al director para recibir golpes con la “palmeta”. El objetivo era hacerle entender que en su desempeño en la escuela, para cada falta habría un castigo. (Estrada, 2018)

De igual manera, como señaló Michael Foucault, fuera en la escuela, en el cuartel, el hospital o el taller, debía vigilarse a los individuos, con la intención de evitar distracciones, no simplemente para que ellos hicieran lo que se deseaba, sino para que operaran como se quería, para mantenerlos dominados. La justificación era que se buscaba el buen encauzamiento de la conducta. Para eso, había que utilizar la disciplina, puesto que ésta ayuda a fabricar cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos «dóciles» (Foucault, 2002). Y durante cerca de dos siglos, se continuó con esa idea: vigilar, imponer disciplina y castigar.

Quizás esta sea una de las razones de que en el siglo XIX, cobrara relevancia el aforismo del argentino Domingo Faustino Sarmiento: “la letra con sangre entra”.

Así transcurrieron décadas tras décadas y el producto fue por un lado la formación memorística y disciplinaria de las personas, que tanto se ha criticado -bajo el argumento de la transgresión de los derechos humanos- y por otro, el aprendizaje desde la escuela primaria, de contenidos más avanzados que hoy (por ejemplo: la raíz cuadrada), que actualmente si acaso se trata, es hasta la secundaria o en el nivel medio superior.

Para eso se contó siempre con la encomienda, la vigilancia y la complacencia de los padres de familia, que tenían muy claro que sus hijos asistían a la escuela para ser educados. Idea esta, que al paso del tiempo perdió vigencia, por entender que la educación tiene su nido y germinación desde la familia, puesto que de acuerdo con las corrientes pedagógicas contemporáneas, la escuela forma y guía a los alumnos para que construyan sus aprendizajes.

Pero el tiempo no solo ha ido transformando los estilos de hacer las cosas en la escuela, sino que también han cambiado las formas de pensar y de actuar de todos los agentes educativos y a la par que la sociedad ha avanzado a pasos agigantados en el descubrimiento de productos que han facilitado la vida, a la vez ha ido transformando su manera de percibir, su sensibilidad, su preocupación desmedida por todo lo que hace y en lo que participa, su afán de que el logro de sus objetivos ya no sea ni tan complejo, ni tan difícil.

Y en este contexto, en el ámbito educativo, que es el que nos ocupa en este artículo, han ocurrido cambios que bien valdría la pena analizar para contrastar los logros actuales de los alumnos, con los que hubo en los tiempos en que la disciplina férrea implementada en el aula, era la dinámica diaria.

Cada que escuchamos una crítica hacia los métodos disciplinarios del pasado en la escuela, lamentamos que los alumnos hayan sufrido tanto para “aprender” una cantidad impresionante de contenidos, en procesos sustentados en el temor como característica principal. Pero a la vez coincidimos en que el resultado era una formación distinta a la de hoy, quizás menos humanizada pero más completa y con aprendizajes duraderos.

Los padres de familia reconocían que gracias a esa forma de enseñar, sus hijos aprendían muy bien y podían resolver problemas y en muchos casos, ellos mismos sugerían a los profesores, castigar a sus hijos si incurrían en faltas o amenazaban a sus hijos con ir a la escuela y castigarlos frente a sus compañeros, lo que obviamente suponía evidenciar y lastimar psicológicamente a los pequeños.

En casa las cosas no eran tan distintas, puesto que los hijos tenían que ayudar a los trabajos de los padres, fuera en el campo, en el oficio o en el hogar y aún ahí, su actuar se castigaba si era necesario. Los ejemplos son claros y aún recordados: los varazos, los cinturonazos, los ayunos obligados, el no permitir a los hijos salir por las tardes o los fines de semana, etc.

Hoy en día, cuánta sorpresa dejaría en cada uno, dar un salto en el tiempo y pasar del siglo XVI hasta este nuevo milenio y comparar las formas de actuar en la escuela.

Seguramente veríamos cómo se ha pasado de ser inflexible, rígido y sancionador (porque los mismos padres y gobiernos, permitían e impulsaban esa manera de enfrentar las acciones cotidianas en la casa y en la escuela), hasta llegar a este 2018, en que la actitud sobreprotectora de los padres, los ha llevado a ser permisivos porque sus hijos tienen derechos, a vigilar que “se les trate como merecen”, a que no se atropellen sus libertades, no se les ocasionen daños emocionales y peor aún, con la idea de que debe evitarse que se enojen y por ello, consentirlos, aceptar sus condiciones para todo, aunque aquéllos sepan que muchas veces, además de inmerecidos esos premios, más que ayudar a formar ciudadanos responsables, los están volviendo absolutamente dependientes.

Esta es una razón para analizar ¿qué pasará con estos nuevos individuos cuando pierdan a sus padres? Seguramente -en un escenario crítico y preocupante-, no sabrán sortear por sí solos los retos diarios de la vida, porque se les dio todo a manos llenas a costa del sacrificio de los padres y se les permitió todo, lo que los formará como personas indolentes, transgresoras de la ley e incapaces de buscar sus propios caminos para formar una familia, ser participativos en su comunidad y aspirar a un mundo mejor.

Finalmente, quiero puntualizar algunas ideas acerca del papel que en todo este asunto juegan los maestros. Si en el pasado se les veía como personas dignas del respeto social, se les admirada, agradecía y apoyaba en todo lo que hacían en el aula o la escuela sin reclamo alguno; en los años recientes se ha pasado a tratarlos no solo como cualquier persona más, sino que se ha cargado sobre sus hombros toda la responsabilidad de educar y formar a los alumnos, olvidando desde la misma sociedad y la instancia responsable del sistema educativo nacional, que esta debe ser una tarea compartida. Se les han impuesto límites en el trato con los alumnos, se ha reducido su espacio de acción y su influencia con ellos y de manera velada, se les ha prohibido sancionarlos de cualquier forma, se les ha amenazado de distintas maneras si no los tratan como los padres quieren; en síntesis, se les ha atado de brazos en su trabajo con los estudiantes y no hay posibilidad alguna de que impongan disciplina y lo grave es que en estas circunstancias, muchos harán sólo lo que puedan hacer en el aula, en detrimento de los aprendizajes de los alumnos, para evitar que sean denunciados y sancionados por la autoridad educativa correspondiente.

Ante un fenómeno creciente -del que hablaremos en un artículo aparte-, denominado bullying, hay una total falta de respeto hacia su figura y “ya no se le ve como un aliado en la educación de los niños y niñas y se llega al extremo de que algunas familias lo consideren como un obstáculo en la educación de sus hijos”. (Guadalupe, 2014)

De seguir esta tendencia, no sería aventurado pensar que en los próximos años, estaremos hablando de la violencia y el acoso que se ejerza hacia el docente.

Para concluir, aquí les dejo una caricatura que resume lo que he tratado en este documento.

Tomado de: ¿Qué notas son estas?. 17 Febrero de 2012. SlideShare. Estados Unidos. https://pt.slideshare.net/perezaguige/1-que-notas-son-estas?nomobile=true&smtNoRedir=1