EL BRACERO

El flujo migratorio del cual hasta hace unas décadas sólo nos enterábamos por las noticias, hoy ha alcanzado hasta los rincones más lejanos de nuestra geografía mexicana.

Y vemos cómo a estas fechas, son muchos los paisanos de Yaonáhuac que viajan a los Estados Unidos en busca del sueño americano, con la idea de mejorar sus condiciones de vida y las de su familia, ganando la batalla al monstruo de la pobreza.

Todo ello tiene muy altos costos.

Y el primero es tener que endeudarse para cubrir la cuota que cobrará el “coyote” que habrá de pasarlos al otro lado.

Enseguida hay que correr muchos riesgos, desde los peligros que implica cruzar la frontera, los asaltos, las extorsiones, los secuestros para obligarlos a ser parte del crimen organizado, exponiendo en todos los casos incluso su vida, en el afán de lograr el tan anhelado sueño.

Pero ese es apenas el comienzo de un cambio radical en sus vidas.

Si bien les va, a los pocos días de una larga caminata por el desierto o cruzando el Río Bravo, tendrán su primer empleo en el mal llamado suelo americano (porque América es todo el continente, desde Alaska y Groenlandia hasta el extremo sur de Chile y Argentina).

Si la suerte está con ellos trabajarán para patrones que los respeten y los cuiden incluso de las autoridades migratorias.

Si es lo contrario, la pasarán con dificultades. Y serán testigos de la discriminación en su máxima expresión, de los abusos de las autoridades o de quienes los emplean, del desprecio de personas también migrantes de otras razas como los afroamericanos.

Y qué lástima que sea esta la realidad, porque los migrantes (llamados allá ilegales), no son delincuentes. Históricamente han aportado su mano de obra para hacer lo que hoy son los Estados Unidos.

Y son tan importantes que de sólo imaginar qué pasaría si esa mano de obra que representan no hiciera el trabajo que a muchos de los gringos les da flojera hacer, su país estaría en condiciones críticas y no sería la potencia económica que es. Esto es gracias entre otros, a los migrantes mexicanos.

De paso mencionaré que no estaría mal ver la película “Un día sin mexicanos”, pero mientras eso sucede, comparto con ustedes una poesía que retrata esa realidad a la que he venido haciendo referencia.

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 EL BRACERO

(Enrique Cisneros L.)

http://antologiapoemas.wordpress.com/category/enrique-cisneros-l/

No me mires con ojos desconfiados
hombre gringo, no soy una alimaña;
soy un hombre que el hambre ha impulsado
a venir a implorar a tierra extraña
un mendrugo de pan para mis hijos,
a cambio del sudor de mis espaldas.

 

Es por ellos que sufro en silencio,
es por ellos que sufro la infamia
de la ofensa que enciende mi orgullo
y el fuetazo de altiva mirada.

Cuando escucho la burla infamante,
el desprecio que se hace a mi raza,
el dicterio que enciende mis venas,
o el puñal de acerada palabra,
pienso al acto que ya no debiera
soportar impasible esta infamia,
cuando tengo dos puños y en el cinto
escondida una daga.

Pero el dólar me vence y prosigo
con la vista en el surco clavada,
y en mi boca mordiendo respuestas
que me pierden, si un día se me escapan.

La miseria ¡maldita miseria!,
a qué estado tan vil nos arrastran
los que sólo pensando en sí mismos
condenaron a miles de parias,
a llevarle tan sólo a sus hijos
un menú de tortillas y lágrimas.

Pero el día ha de llegar en que todos
sin distingos de credos ni castas,
escuchando tan sólo en la sangre
el llamado y la voz de la patria.

En fraterno conjunto ofendemos
nuestro esfuerzo fecundo en sus aras
para hacer este México ¡grande!
el país que yo sueño en mis ansias.

El país que no vea con tristeza
que sus hijos por hambre se marchan
al país donde somos tan sólo,
mercancía morena en subasta.
al país donde sólo nos quieren
como bestias de carga…